en este blog podrás encontrar fotografías que hago de cosas que veo, vivo y me inspiran,
con personas que generosamente se dejan fotografiar y una manera de contarlo, la mía del momento.

LA MADRE


En el interior de cada una de nosotras hay cuatro mujeres, una de ellas es la madre, la mujer dativa,
en pleno estado de ovulación, que se sabe animal principio de vida y que sin rostro, entrega su ser, su amor y protección al otro.
Ella nutre, generosa, y a la vez es nutrida por su propia raíz, la madre tierra,
y se reconoce fuerte, inteligente y sabia por ser parte de ella.

Para la serie cuarentena.

TRES VERANOS


Hicieron falta tres veranos seguidos para secar aquello que había florecido.
Hicieron falta tres veranos de otoño, invierno y primavera para abrirnos a nuestra capacidad de amar y perder el miedo a morir.

De la serie 'cuarentena'.

UNA VEZ EN UN POEMA


Nunca se logra mantener el equilibrio.
Sin embargo, ni tus ojos ni los míos
tanteándose en la noche
muestran signos de vértigo.


Mi corazón nació desnudo
y fue envuelto en canciones de cuna.
Más tarde, ya solo, llevó
poemas por ropa.
A modo de camisa
cubrían mi espalda
los poemas que había leído.


Así viví durante medio siglo
hasta que nos encontramos y no hubo necesidad de palabras.


Por la camisa colgada en el respaldo de la silla
sé esta noche
cuántos años
de aprender de memoria
te he esperado.


poema de hermann blume para la serie cuarentena

DE LAS FLORES, SUS BURBUJAS Y EL VACÍO


Bali es la isla de las flores eróticas, la arena negra, el mar de agua dulce, la lluvia de repente y la luz con alma.
Es el mar volcánico, la hierba de los corales y las nubes de espuma salada.
Bali es el sitio de la piel mojada, las horas sin tiempo y los pies desnudos en sus tormentas. 


Llevo días trabajando en esta nueva entrada al blog, sentada delante del ordenador intentando acompañar con palabras estas imágenes
que me traje de los meses vividos en Indonesia. Las primeras líneas que introducen este álbum las escribí en Bali, una tarde de esas,
sentada bajo las palmeras, rodeada de un gran azul marino, sin noción del tiempo apenas. Daba igual si llovía y nos mojábamos, no importaba
si nos dormíamos en los laureles y no hacíamos nada. Pero aquí, con todo el despliegue de tareas, obligaciones, relojes, llamadas y cosas
 y más cosas, el tiempo corre y la lista de esas cosas pendientes por hacer no tiene fin. No todos los días son el momento para
sentarse y escribir, ni todos los días hay algo para contar. Bien, siempre hay algo, pero no siempre ese algo vale la pena ser contado o así
te lo dices tú para quedar bien. Y en eso estamos. En ese estúpido quedar bien.


Y es que el vacío también forma parte de ese todo maravilloso que siempre cuento y del que también me canso porque las cosas no siempre
son maravillosas y ni todo está tan súperbien. Porque cuando el entorno acompaña, la emoción sale desbocada a expresarse, con toda su
personalidad, pero cuando el silencio por fin grita, su grito es ahogado por miedo, por mierda, por mil razones y mil inseguridades y porque
eso no queda bien. Ya sé que este texto no queda bien con estas imágenes pero es que los días, la mente y las cosas siempre tienen
dos caras y el viaje, la vida y los despertares están llenos de momentos mágicos muy fáciles de contar pero también vienen acompañados
de momentos vacíos de magia y saturados de un color que sí quedan bonitos pero que no son.




Porque el desánimo existe aunque las razones lógicas por las cuales debes sentirte feliz sean unas cuantas. Porque la felicidad a la que estamos
acostumbrados depende de cosas externas y la auténtica felicidad, esa que sale de dentro, la conocemos de oídas. Y necesitamos, necesitamos
a ésta o aquel,  a uno o tres, comprar o hacer, aquí o allá, da igual, pero creemos que lo necesitamos y lo necesitamos como el aire que
respiramos, lo necesitamos para sentirnos bien, para ser felices. Y de la felicidad que no falla, no angustia y nunca falta, nada de nada, ni idea.



Yo soy lo que hago, digo y callo, soy mis amigos, lo que como y cómo lo hago, soy mis pensamientos, lo que creo y lo que cambio,
soy como me pongo, lo que me gusta y lo que rechazo. Soy muchas cosas y nada importante, soy lo mismo que tú y casi siempre lo mismo,
soy por dentro y por dentro, lo que veo y lo que siento, no soy muchas cosas, pero quedan bien, y otras muchas que más vale no ver.
Pues no, no hace falta, ni quedar bien ni no ver. 


Y es que tener todo el tiempo del mundo y no tenerlo no cambia nada.


Es que estar en un sitio o estar en otro, realmente no cambia nada.


Porque entre el yo que aparenta y el yo que soy hay un vacío.



Crisis profunda, sincera, con cuerpo, pesares, angustias y lunares. Crisis del alma, que late, hambrienta de vida y llena de lágrimas.
Crisis del yo, del tú y del nos. Crisis a ciegas con fe a nada. Crisis en el camino, con valores, piel y malos olores.
Crisis en mayúsculas, subrayado y en negrita. Crisis vertebral, vital, absoluta y visceral. Crisis de is y de eses, de yós y estupideces.
Crisis de crisis, de pies a cabeza, querida crisis, crisis amiga ¡bienvenida a casa!


Ahora es un buen momento para estar y no hacer nada.
No hacer nada para que ocurra algo.



Fotografías hechas en Bali, Gili Air y Nusa Lembongan. Indonesia. Invierno 2015-2016



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